¿Qué tan grave y extendida es la piratería de libros electrónicos en internet?

A partir de la ya infame demanda de la banda Metallica a la compañía distribuidora de archivos MP3 Napster a fines de los años noventa, el debate sobre la piratería en internet ha sido constante y ha tomado muchas formas. Con el aumento de la velocidad de ancho de banda, las tecnologías P2P (peer to peer, sistemas para compartir archivos) y la carrera armamentística entre la industria cultural y los hackers que buscan penetrar cualquier sistema de seguridad, hoy es más fácil que nunca piratear y compartir cualquier tipo de archivos digitales, sea libros, música, películas, viodejuegos o programas.

Sin entrar en detalles técnicos, baste decir que no existe ningún sistema de protección de libros electrónicos que sea infalible: si alguien quiere piratear y compartir un libro electrónico que ha comprado, puede hacerlo con poco esfuerzo. También existen muchos sitios en los que es posible descargar de manera rápida y gratuita un enorme catálogo de libros pirata, para lo cual se requiere muy poco conocimiento técnico.

La piratería de libros electrónicos es un problema mucho más extendido en el mundo anglosajón, debido al tamaño y la madurez del mercado. El problema no está tan grande en español y mucho menos en América del Sur, debido a que hay menos oferta y menos demanda, por lo que los esfuerzos para piratear y compartir son menores.

Como dijo Gabe Newell, el creador de la tienda virtual de videojuegos Steam, «la piratería es un problema de servicio». La mayoría de la gente que piratea archivos lo hace porque no tiene una buena alternativa para adquirirlos de manera legítima, ya sea por una mala distribución, limitaciones regionales o precios que se perciben como demasiado inflados para el servicio recibido.

Por tanto, una de las principales recomendaciones para desincentivar la piratería ha sido de hecho hacer que el producto esté disponible en la mayor cantidad de plataformas y regiones posibles, y a un precio razonable, de modo de permitir que quienes quieran obtenerlo puedan hacerlo con el menor esfuerzo posible. Además, en las últimas décadas los modelos de suscripción —como Netflix para el cine o Spotify para la música— han ayudado en buena medida ha reducir los niveles de piratería, ya que por un precio único mensual los consumidores tienen acceso a un gran catáogo rápido, seguros y a un precio que consideran razonable.

Cabe mencionar que no todas las personas que desbloquean o hacen copias de un archivo digital lo hacen con el objetivo de piratearlos, sino que en muchas ocasiones lo hacen para facilitar su uso personal: principalmente para guardar un respaldo, leer en distintos dispositivos, personalizar el formato o mejorar su accesibilidad, entre otros usos comunes. Si bien es fácil descargar un libro electrónico, es mucho más difícil compartirlo, por lo que son pocos los usuarios que participan en esta práctica, aunque estos suelen hacerlo en gran cantidad.